Al final conseguimos llegar a Ulan Bator, capital de Mongolia, el día 16 de agosto, justo para la gran fiesta y después de 30 días y más de 16.000
kilómetros recorridos en carreteras de España, Francia, Italia, Albania, Macedonia, Grecia, Turquía, Georgia, Azerbayan, Kazakastan, Uzbekistán,Rusia y Mongolia.
Bueno, lo de "carreteras" es un decir, sobre todo en algunos países, y especialmente en Mongolia, donde hicimos más de 1500 km de pistas que parecían intransitables para vehículos que no fueran todoterrenos, y el nuestro era ya para entonces una castaña pilonga de culo bajo que había perdido los amortiguadores, se caía la vaca, arrancaba o no según su estado de ánimo, perdía gasolina por llevar la bomba colgando, no le funcionaba ninguno de los indicadores, una puerta no abría, le entraba polvo por todos lados..., menos mal que el radiocassete, y esto es un poltergeist digno de Cuarto Milenio, funcionaba aún con la carátula desprendida, y podíamos ir escuchando la banda sonora de nuestro viaje mientras atravesabamos desiertos y montañas, ríos sin puentes y valles moteados de camellos, nómadas y yaks, y coronados en el cielo de sempiternas y siempre majestuosas águilas.
El viaje comenzó siendo genial y sin problemas, como cualquier viaje normal que haces con amigos... hasta que llegamos a Azerbayán; vamos, que la parte burguesa duró la primera semana. A partir de ahí empezaron los
contratiempos, los problemas con los visados, las averías, los enfrentamientos con la policía, el no dormir o maldormir, las crecidas de ríos que nos imposibilitaban el paso... pero también, y sin solución de continuidad, la increible sensación de escuchar que el coche vuelve a rugir cuando creías que había muerto, la satisfacción de dejar atrás a la policía corrupta con un palmo de narices, los amaneceres en medio de la nada, ver que el último río o arenal no han detenido tu camino, el buen rollo con los otros equipos partipantes, los paisajes de otra época, el sonido del silencio, o las experiencias vividas con algunos locales que se prestaron a ayudarnos de forma desinteresada, en algunos casos mucho más allá de lo que podríamos encontrar en cualquier país occidental. Por poner un par de ejemplos, unos uzbekos que nos remolcaron en un viaje infernal durante casi dos días y un total de 670 km; o unos rusos, que formaban todo un equipo de mecánicos de un taller de Barnaul, y que dedicaron día y medio a sacar del coma profundo a nuestro desahuciado auto-loco sin aceptar nada a cambio salvo nuestra gratitud.
En definitiva, una auténtica montaña rusa de sensaciones donde cada día, insisto,
cada día (pues quitando esa primera semana no hubo un solo día normal o que pudieramos llamar de transición), nos pasaban cosas verdaderamente extraordinarias que nos hacían sentirnos los tipos más felices de la Tierra, y cosas malas que nos hacían doblar las rodillas y darnos cuenta de nuestra fragilidad. Este cada día, y durante tantos días, ha resultado una magnífica y agotadora experiencia que sin duda ha merecido la pena, ¡vaya si la ha merecido!
La generosa contribución de AMBAR VIAJES nos ha hecho posible realizar este gran viaje, y supone además que dos ONGs que combaten la pobreza, Mercy Corps y Pueblos Unidos, se hayan beneficiado con la donación por un lado del vehículo, que será arreglado y subastado en Ulan Bator, y por otro de 1700 euros en metálico que ya hemos entregado. Muchas gracias AMBAR.
que sólo pueden utilizarse automóviles de menos de 1.000cc o motocicletas de 125cc, "lo que generalmente se considera un desastre de coche", según la organización de la prueba. Los antiguos ‘minis’ o el popular "cuatro latas" son bastante comunes. El aspecto benéfico si lo deben cumplir todos los participantes. Además de los costes de inscripción, de unos 300 euros, cada coche debe recaudar -normalmente gracias a patrocinadores como AMBARVIAJES y a la organización de eventos previos a la carrera- cerca de 1.500 euros para organizaciones que ayudan a los más .
desfavorecidos.